¿Podemos confiar en las redes sociales?

Credibilidad en redes sociales

No hay estrictos requisitos para crear una cuenta personal en una red social, basta con tener, ante todo, dos cosas: la primera es el acceso a Internet, la segunda es algo que decir. A partir de ahí, todo va rodado: no en vano un 82% de los internautas españoles de entre 18 y 55 años utiliza alguna red social.

Facebook, que aglutina al 96% de esos usuarios, YouTube y Twitter son las preferidas; y destaca, sobre todo, el crecimiento exponencial de adeptos a esta última, actualmente recoge una media de 500.000.000 tuits diarios.

En medio de este ingente intercambio de información parece imposible evitar que se cuelen mensajes falsos: bulos que afectan a diversas marcas, muertes ficticias de personajes famosos, supuestas citas, timos varios y hasta campañas publicitarias encubiertas; la mentira en la red tiene mil caras y corre como la pólvora.

¿Podemos confiar en las redes sociales? Según el II estudio de Medios de Comunicación Online publicado por IAB Spain en febrero de 2015, Internet es el medio de comunicación que posee mayor credibilidad para los internautas y en el que obtienen más información útil. Sin embargo, dentro de los medios online, las redes sociales son la fuente de información que menos credibilidad genera.

Las falsas muertes de Will Smith, Barack Obama o Carmen Sevilla, entre otros muchos, y las cientos de citas atribuidas a Paulo Coelho son, seguro, mentiras online con las que te has topado en más de una ocasión. Sin embargo, las que últimamente parecen cobrar protagonismo son las falsas historias que, convertidas en viral gracias a las redes sociales, resultan ser, al final, campañas publicitarias. Más allá de juicios éticos, estas nuevas ideas rebosan originalidad y capacidad de sorprender.

La historia de Abdou Diouf es una de ellas: supuestamente, un emigrante senegalés que huye de su país y, a través de Instagram, va narrando el que habría de ser su viaje a un futuro mejor. Dakar – Tarifa en dieciséis fotos que resultaron estar hechas en las afueras de Bilbao: sus creadores consiguieron, incluso, burlar a importantes medios de comunicación con el único objetivo de promocionar el festival de fotografía Getxo Photo, que acaba de comenzar.

Pero seguro que conoces otras mentiras online como esta: ¿quién no se ha dado de bruces con las fotos de una mesa, varias sillas e incluso un coche que un despechado exmarido había partido por la mitad para repartir equitativamente los bienes del matrimonio? Pues bien, todo resultó ser un montaje con el que se promociona un buffete de abogados alemán experto en divorcios.

También el vídeo que en 2014 nos mostraba las supuestas reacciones de veinte desconocidos al besarse por primera vez: al final, tras convertirse en viral, sobre todo en Facebook, supimos que se trataba de la agresiva propuesta de Wren, una firma de ropa norteamericana.

Y no siempre se trata de promocionar una marca: también han querido concienciarnos a través de historias tan dramáticas como falsas. A finales del año pasado nos mostraron en un vídeo cómo un niño sirio rescataba a su hermana en medio de los bombardeos que sacudían el país. En seis días, el clip había superado los tres millones de reproducciones. El Instituto de Cine Noruego, que financiaba su producción, aconsejó al director que no escondiera que se trataba de un relato ficticio; sin embargo, este decidió no hacerlo al considerar que perdería parte de la capacidad de impacto del espectador. Organismos como Save the Children no tardaron en reaccionar, asegurando que con campañas como aquella se hacía dudar al ciudadano de la información que consumía.

Está claro que nuestra labor crítica debe funcionar a pleno rendimiento cuando encontramos historias nacidas en las redes sociales. En el caso de las campañas publicitarias se trata de sorprender al usuario y fomentar la viralidad del contenido. Una buena y efectiva estrategia, aunque contribuye a encender nuestra desconfianza online.

Pero no somos los únicos a los que a veces nos han pillado con la guardia baja, incluso el periódico La Razón, sufría hace poco las consecuencias de tomar sin contrastar una información encontrada en las redes sociales. Tras los atentados de Paris, La Razón publicaba en su portada la imagen del periodista Veerender Jubba tomándole por terrorista a raíz de una foto manipulada que circulaba en las redes sociales. Para conocer a fondo el caso te recomendamos leer este post.

 

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2 respuestas en “¿Podemos confiar en las redes sociales?”

  1. María Navarro ha dicho:

    Me encanta el post.
    Muchas gracias por citar el caso de Veerender Jubbal. Fue un caso esclarecedor.

    Un saludo y enhorabuena!

  2. Oraquo ha dicho:

    ¡Muchas gracias María!
    No podíamos dejar de recomendar tu artículo. Nos parece genial la labor de análisis que haces en tu blog, periodismo de datos en estado puro #PeriodismoDatos 🙂
    Un saludo y enhorabuena por tu blog.

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