¿Las palabras se las lleva el viento? ¡En Twitter no!

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¿Las palabras se las lleva el viento? En el mundo online claramente no se cumple el famoso dicho. Los tweets, pequeños mensajes de no más de 140 caracteres, en apariencia inocuos, inofensivos, pueden llegar a dañar seriamente la reputación de una persona o marca. No se publican y se olvidan, permanecen como grabados a fuego en la memoria de la red. Esperan ahí, en ocasiones pasando desapercibidos durante años, hasta que alguien los vuelve a sacar a la luz en el momento preciso.

Debemos tener muy presente que lo que publicamos en internet puede fácilmente volverse en nuestra contra y meternos en más de un aprieto. Seamos cuidadosos, pensemos si el chiste, la opinión, la imagen que vamos a publicar es adecuada, si puede llegar a herir sensibilidades o si sacada de contexto puede malinterpretarse y dañar nuestra imagen.

Un tweet puede llevarte a la cárcel, puede provocar tu despido, puede suponer tu desprestigio. No subestimemos a estos pequeños mensajes cuyo poder va en aumento. Merece la pena usar el sentido común y pensar fríamente en las consecuencias antes de apretar el botón de enviar. Y es que las características de Twitter, su brevedad, su rapidez, juegan en nuestra contra a la hora de cuidar nuestra reputación. Pueden motivar que nos precipitemos, que no lo pensemos bien, que no nos expliquemos correctamente, que no veamos el peligro.

De hecho, tendemos a pensar que nuestros tweets son completamente efímeros que se pierden entre la masa de publicaciones y en un instante dejan de ser actuales. La vida de un tweet es corta; sin embargo, pueden permanecer aletargados y volver a ponerse de actualidad en el momento menos pensado.

Que se lo digan al delantero Sergi Guardiola que fue despedido por el filial del Barça horas después de firmar su fichaje debido a unos tweets, publicados dos años antes, en los que mostraba su apoyo al Real Madrid y lanzaba mensajes ofensivos contra Cataluña.

En ocasiones, las consecuencias no se hacen esperar años y se sufren de inmediato. Una mujer de Texas batió el récord al despido más rápido de la historia por publicar en Twitter un mensaje criticando la empresa en la que iba a entrar a trabajar. El resultado fue su inminente despido sin haber llegado a trabajar ni un día en la empresa.

Hasta tal punto nos marca lo que compartimos en las redes que podría decirse que somos lo que publicamos, al menos para el resto. El contenido que compartimos en nuestra redes sociales influye en la imagen que el resto tiene de nosotros, nos define. Uno puede ser trabajador, inteligente y colaborar con proyectos benéficos, pero poco importa si lo único que se encuentra sobre ti en internet son fotos de fiesta que evidencian el consumo de alcohol. Quienes no te conozcan lo suficiente mantendrán esa imagen de ti.

Nuestra reputación está expuesta en internet, debemos cuidar la imagen que transmitimos sobre nosotros al mundo. Todavía más en el caso de una marca o una figura pública, el grado de exposición es aún más descarnado. A la probabilidad de cometer errores se une una masa de usuarios dispuestos a atacar directamente nuestra marca sin pensárselo dos veces.

El riesgo de sufrir crisis de reputación está siempre presente y es necesario protegerse mediante herramientas que nos permitan conocer en todo momento el clima de opinión y la imagen que estamos trasmitiendo para realizar correcciones cuando sea necesario.

 

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